III. El asalto a la razón: el Hombre Nuclear y Robocop (1970-2013)

La gran mayoría de los héroes modernos de la cinematografía producida en  Hollywood desconoce los ideales de fraternidad, igualdad y libertad de nuestras sociedades. El bien común, la equidad y la justicia son ignorados por una tendencia en incremento desde hace varias décadas; dichos mensajes están presentes en un sinfín de dibujos animados, videojuegos, videoclips, series de televisión y películas. El imperio de la ley es permanentemente socavado. Ciertamente, los protagonistas de las historietas y de las producciones mediáticas luchan contra la maldad, pero, no todos utilizan los mismos métodos ni obtienen los mismos resultados.

Desde los setentas se colocó en las pantallas de televisión  un modelo tecnocrático light, me refiero a “El Hombre Nuclear” conocido en inglés como “The man of Six Millions dollards”, el primer héroe tecnocrático que se puso de moda en la televisión mundial. Steve Austin personificó en dicha teleserie a un paladín de la justicia. Con la tecnología incorporada a su cuerpo vencía al mal: descubría ladrones, defendía a las naciones del Tercer Mundo, impedía asesinatos, combatía a los soviéticos, rescataba a las mujeres de las inundaciones, controlaba los precios de la OPEP, prevenía accidentes de tránsito en los cuales estaban involucrados niños…. Steve, un astronauta, se convirtió en una computadora humana que tras sufrir un accidente en un vuelo experimental fue rescatado de la muerte gracias a la tecnología. Se le reconstruyeron un brazo, una pierna y un ojo.

La especificidad del Hombre nuclear era su eficacia, el uso de la violencia tecnológica para hacer justicia. ¿Cuál justicia?

“El Hombre Nuclear”, agente secreto del Departamento de Estado, no estaba sujeto a la institucionalidad estadounidense. Nunca intervinieron la policía ni los jueces en las tramas y argumentos de esta teleserie. La violencia tecnológica era el único mecanismo utilizado. La tecnología  se anotaba el triunfo. No la magia, la religión, la ley o las instituciones, poco importaba el orden jurídico- institucional: “El Hombre Nuclear” y el Departamento de Estado se bastaban por si solos.

Uno de los peligros de la postura tecnocrática está en su insistencia sobre la bondad de la tecnología. En el mundo contemporáneo está en plena evolución la idea de que la tecnología es la que resuelve los problemas y aporta las soluciones. No la ley ni la razón.

¿Cómo descubre el Hombre Nuclear a un asesino? ¿Haciendo una minuciosa investigación como Columbo o Perry Mason? El ojo máquina le permite a Steve Austin apresar in fraganti al villano. No es la inteligencia, la razón, la experiencia, la ley o las instituciones las que solucionan los problemas policíacos, sociales y políticos de la vida cotidiana; basta y sobra  la tecnología.

Más tarde en 1987  nació “Robocop” un modelo de héroe tecnocrático que radicalizó fuertemente la tendencia con la versión cinematográfica del llamado género de ciencia ficción dirigida por el holandés Paul Verhoeven;  “Robocop” fue considerada una de las mejores películas de ese año. El entorno se ubica en la ciudad  de Detroit donde  – según el guión – la delincuencia “está sin control”. Ya están cocinando una nueva versión para el 2013, más extrema que la anterior, como anuncia el tráiler de la promoción.

El protagonista, recién ingresado a la academia de policía, se enfrenta a los delincuentes y es acribillado de tal forma que tiene que ser reconstruido en su totalidad; lo convierten en una máquina de matar. A partir de ese momento, este personaje desconoce totalmente los mecanismos institucionales para apresar a los hampones. Se transforma en una máquina útil que limpia  la cuidad de vagos y maleantes; su labor no es apresar a un asesino o a un ladrón, para llevarlo ante los tribunales. Su acción es eficaz: evita los engorrosos procedimientos de la justicia ordinaria de nuestro sistema judicial. Robocop es duro, riguroso, sólido. Aplica, sin misericordia, la pena de muerte. No respeta los derechos civiles, hace justicia con sus propias manos y  más que un justiciero, es un vengador.

El mensaje inculcado por la película Robocop es un mensaje tecnocrático que consiste en una visión del mundo que anuncia una  etapa en la cual la solución de los problemas de la humanidad estará en la cibernética. Cesarán todas las dificultades padecidas durante milenios por la especie humana.

Desde la década de los setentas es la tendencia filosófica e  histórica  en marcha, es el mensaje dominante a través de los dibujos animados, las películas y las teleseries. Poco a poco,  la ideología política de los habitantes de este mundo global se ha estado  transformando en una ideología que privilegia la tecnología sobre la ley. Este “espíritu” ideológico y esta filosofía tecnocrática son  excelentes herramientas políticas y sociológicas para mantener cohesionada a la opinión pública a través del miedo y la demagógica de que -gracias a la tecnología- estamos a las puertas de un mundo mejor. Primero porque lo vemos en televisión en teleseries y noticieros: armas muy destructivas y una fuerza militar tácticamente invencible.  Y en segundo lugar porque se ofrece –es solo  eso, una oferta- un futuro limpio, sin enfermedades,  sin tráfico, sin basura, de gente longeva, sana, bien alimentada (con Monsanto a la cabeza), un mundo de abundancia, con guerras lejanas y silenciosas… y gente cada vez más insensible.

Hoy en el 2012 nuevos héroes, nuevos remakes minimizan los valores republicanos. No es casual que Zigniew Brzezinski, director del Instituto de Investigaciones en Cuestiones Comunistas de la Universidad de Colombia, en la revista “Encounter” nos dijera en 1970: “El mundo está en vísperas de una transformación más radical…. Que las provocadas por la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique…. Los cambios se relacionaban con alteraciones en la distribución del poder y de la propiedad…. Pero no afectaron la esencia de la existencia individual. En cambio la tecnología provocará transformaciones más hondas de las hasta ahora experimentadas. El hombre podrá determinar el sexo de sus hijos…. influir en su capacidad intelectual…. Modificar su personalidad…. El promedio de vida llegara a 120 años…. Será una sociedad enfocada sobre las diversiones”.

Independientemente de los gruesos errores predictivos de Brzezinski  -a 42 años de sus profecías- su exposición se mantuvo sobre lo que podríamos llamar los aspectos amables  del discurso. No lo dijo -aunque seguramente lo sabía- ha sido la industria militar la que se ha llevado la parte del león de este avance tecnológico: la eficacia para asesinar a los adversarios sin salpicar las pantallas  locales. Eso le gusta a la gente. No la involucra. La tecnología  -como ideología y como recurso- tiene esa ventaja. Ya  estamos acostumbrándonos a aceptar la EFICACIA como valor social. Lo eficaz es limpio y rápido.

Por primera vez en la historia de la humanidad algunos gobiernos de nuestra llamada sociedad global poseen mecanismos de control social, político, cultural y religioso para realizar  el sueño de las élites tecnocráticas: “limpias operaciones quirúrgicas” en  ataques militares, manifestaciones controladas por cámaras, enormes centros comerciales con circuitos cerrados, la ciudad de Londres con 20.000 cámaras, la de Nueva York con 60.000, policías con cascos y uniformes como Robocop …que meten miedo nada más de verlos.

La ideología tecnológica sustituye la engorrosa ideología jurídica institucional para invadir un país. Ni siquiera harán falta los acuerdos formales ante la ONU. En muchos casos los medios de comunicación no reportarán las incursiones militares y los asesinatos de líderes religiosos, militares o políticos de otras culturas. La tecnología militar hará el trabajo de manera silenciosa.

A miles de kilómetros de distancia están los drones, -aviones teledirigidos- comandados a 18.000 Km por un piloto –sentado en su oficina en el ala derecha del Pentágono- con una labtop o un iPAD hacen el trabajo sucio en Afganistán y Pakistán.  Lo hacemos “rápido y bien” -dirán- sin manchar nuestras manos y nuestras teles. La O.N.U. ha hecho, sin éxito alguno, tímidos llamamientos para legislar sobre estas nuevas armas

Alexis Toqueville el sociólogo francés autor de “La Democracia en América” describió la formación de los Estados Unidos en 1830 subrayando que esa gran nación había logrado, con el sistema de comunas de 1620,  la construcción de una democracia republicana con instituciones muy sólidas y un sistema judicial perfecto  que ha sido durante siglos la envidia de muchos.

Podemos parafrasear a W. Mills quien en su libro sobre el sistema político estadounidense “La Elite del Poder”, -escrito en 1950- nos decía que las grandes corporaciones económicas del siglo XX estaban confiscando le democracia liberal dieciochezca “está muriendo” –insistió-. También está desapareciendo del resto del planeta, poco a poco la está sustituyendo una sociedad tecnológica.

(Continuará): El humanismo de Superman.

 

 

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