Etiquetas para los alimentos transgénicos

La mañana que aparecieron en la prensa las fotografías de las ratas alimentadas con maíz transgénico producto de una investigación de la Universidad de Caen, Francia, mi hijo cayó en cuenta: “con razón el Corn Flakes es tan barato, seguro está hecho con maíz transgénico”.

A partir de ese día hemos buscado información sobre los alimentos transgénicos sin mucho éxito. Hace muchos años que escuchamos sobre los transgénicos pero queríamos hacernos la ilusión de que esas semillas tan sofisticadas, con sus genes modificados eran cosa del primer mundo, que aquí estábamos comiendo productos de la milpa.

A pesar de la búsqueda, poco hemos encontrado sobre la procedencia de los alimentos que ingerimos día a día. Todo son datos genéricos, el más preciso es tal vez el que publicó el periódico La Jornada el 22 de Septiembre “El gobierno mexicano autorizó en 2012 más de mil 800 hectáreas de plantaciones a campo abierto de maíz manipulado genéticamente, la mayoría con el mismo gen de Monsanto (603) que provocó cáncer en ratas en los experimentos franceses”.

La multinacional Monsanto controla el 90% de las semillas transgénicas en el mundo. En los Estados Unidos, el 95% de la soya y el 80% del maíz son transgénicos. Monsanto fue fundada en 1901 en St Louis, Missouri, dentro de los productos que esta compañía ha elaborado en sus más de 100 años de existir está la sacarina, el aspartame, el “agente naranja” (herbicida utilizado para fumigar los campos vietnamitas durante la guerra lo cual provocó la muerte de 400 mil personas, mal formaciones en medio millón de bebes y hasta el día de hoy mantiene contaminado el suelo y agua de ese país), la hormona sintética bovina (provoca cambios en las hormonas de la vaca, se transmite a la leche y ha sido prohibido en Canadá y la Unión Europea), el herbicida Roundup (provoca elevadas concentraciones tóxicas y es peligroso para niños y animales) y desde hace 20 años controlan el mercado de las semillas transgénicas.

Monsanto inicia la modificación genética de las semillas para que estas sean más resistentes al herbicida Roundup, el cual fue comercializado como “biodegradable” y se ha comprobado que tiene una alta toxicidad. Lo grave del asunto es que el Roundup es un herbicida muy usado no solo en la agricultura (con lo cual se intoxican los productos que comemos), sino en el hogar. Marcas como Miracle Grow, Ortho y Scotts, son los herbicidas que compramos en cualquier supermercado para fumigar nuestros jardines, donde juegan nuestros niños y mascotas.

Con un historial tan poco honorable, no se puede entender que Monsanto tenga el control de la agricultura mundial en sus manos. Un tema tan delicado como lo es la alimentación, de la cual depende la salud de los seres vivos, debe tratarse con toda la seriedad y cautela que amerita el caso. Gobiernos de todas las latitudes abren sus puertas a la entrada de semillas transgénicas, ponen a los pies de Monsanto sus campos y las mesas de sus ciudadanos; se convierten en defensores de oficio de los alimentos transgénicos negando rotundamente cualquier tipo de riesgo a los cultivos y a la salud de los consumidores como si ellos mismos fueran científicos que han comprobado la inocuidad de estos alimentos.

Lo cierto es que los estudios ofrecidos por Monsanto para defender sus productos, son estudios con no más de tres meses de experimentación, en cambio el estudio realizado por el Comité de Investigación e Información Independiente sobre Genética (CRIIGEN) en Francia, fue realizado en 200 ratas alimentadas con maíz transgénico durante 24 meses. Los tumores empezaron a aparecer al cuarto mes, al 60-70% de las ratas les salieron tumores.

Los intereses que se escondan detrás de los plantíos de transgénicos los desconocemos; pero lo mínimo que podemos pedir los consumidores es que los alimentos producidos con semillas transgénicas lleven una etiqueta que lo indique. Si tan seguros están nuestros gobiernos de que los productos transgénicos son inocuos para la salud, no deberían temer que se indique en las etiquetas de nuestros alimentos. Así como el plátano lleva su calcomanía de Chiquita Banana, así el tomate deberá tener la suya de Monsanto. Quedará en cada quien lo que elija consumir, la libertad empieza con el derecho a la información.

Según el sitio de internet www.ecoosfera.com mi hijo le atinó, Kellogg’s encabeza las compañías de alimentos fabricados con productos trasngénicos. Acá la lista:

Kellogg’s, Kraft, Maggi, Maruchan, Knorr, Ricolino, Ritz, Tía Rosa, Wonder, Quacker, Bimbo, Oreo, Nabisco, Marinela, Gamesa, Lara, Marian, Del Fuerte, Doña María, Hellman’s, Kikkoman, La Costeña, Mc  Cormick, Herdez, Aunt Jemina, Pronto, Maseca, Milpa Real, Minsa, Nestlé, Haagen Dazs, Bohemia, Corona, Leon, Indio, Modelo, Montejo, Sol, Tecate, Victoria, Dos equis, Canderel, Clemente Jacques, Caro, Coronado, Jell-o, Ricolino, Campbells, Bufalo, Del Fuerte, La Sierra, Herdez, Alpura, Cheez Wizz, Danone, Lala, Yoplait, Nestlé, Nido, Primavera, Maizoro, Bachoco, Cal-C-Tose, Hershey’s, Choco Milk, Larin, Mars, Milo, Milky Way, M&M’s, Reeses, Turín, Carlos V, Tostitos, Sabritas, Barcel, Jumex, Coca-Cola, Gatorade, Del Valle, Nestea, Mazola, Nutrioli, La Gloria, Capullo, 1-2-3…

¿Nos queda algo natural?


De cuando escribir es una necesidad psicofisiológica.

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