Crisis de Estado y medios de comunicación

LA DISPUTA POR LA HEGEMONIA CULTURAL

¿En que consiste la crisis de Estado?

Para Gramsci la crisis tiene que ver con la confianza que los dirigidos depositan en los dirigentes. La crisis puede entonces “reducirse” a una crisis de “liderazgo”, de Proyecto Político, de “Autoridad”. Es en el fondo una crisis del Estado en su conjunto, una crisis hegemónica.

Son los intelectuales orgánicos –individuos o colectividades, partidos organizaciones e instituciones en general- los que ejercen y “ejecutan” o “administran” la hegemonía al interior de la sociedad civil. Por esa razón hay que distinguir entre Estado- Sociedad política (aparato coactivo por excelencia) y el Estado- Sociedad Civil que incluye a los aparatos privados organizados, grupos de presión, sindicatos partidos políticos y gremios en general. La Sociedad Civil es la que otorga la licencia para gobernar, otorga el consentimiento activo o pasivo para dirigir un Estado.

Un Estado sin “base civil” sin consenso, se verá obligado a gobernar únicamente por la fuerza. En efecto, el “mejor” Estado liberal es la suma entre Sociedad Política y Sociedad Civil, entre fuerza y consentimiento, entre coacción y hegemonía.

Cuando hay CRISIS DE ESTADO se pierde la confianza en los gobernantes: instituciones, organizaciones, aparatos e individuos o líderes. Los dirigidos no creen más en la dirección ético-moral imprimida por la clase dominante. Cada centro de poder político y civil que representa a distintas fracciones o clases comienza a operar por su propia cuenta BUSCANDO LA HEGEMONIA, desapareciendo entonces la unidad del Estado, la unidad de la “autoridad”. Se fragmenta la sociedad. Inclusive al interior de la Sociedad Política los órganos de poder se anulan mutuamente:

El Gobierno no funciona, el parlamento no funciona tampoco porque el Estado está en completa descomposición, porque los organismos judiciales, la jerarquía militar, la policía, la burocracia no obedecen a su centro natural, al gobierno político, sino que son controlados arbitrariamente, caóticamente por los grupos privados, los cuales son incapaces de organizarse como clase dominante y expresarse regularmente en el seno del Gobierno (GRAMSCI, Ecrits Politiques I. Gallimard Paris 1977, pág. 151.)

En consecuencia, la democracia burguesa ya no logra “arreglar pacíficamente y legalmente las relaciones sociales”:

“Las instituciones tradicionales han perdido todo prestigio y el aparato del Estado burgués se apoya entonces en el terrorismo. Ningún gobierno logra obtener el consentimiento de los gobernados.” (GRAMSCI, Ecrits Politiques I. Gallimard Paris 1977, pág. 173)

Si el deterioro continúa el cesarismo o el militarismo harán su aparición. Hará falta un amo un árbitro que imponga el orden por la fuerza. Ambas formas de Estado militarizan la Sociedad Civil: desconocen las libertades y derechos que predominan en el sistema democrático.

Las reflexiones de Antonio Gramsci sobre el ascenso del fascismo italiano suponen una profunda autocrítica y por ende un cambio fundamental en la estrategia de la toma de poder, tal como la concebía antes de 1920. Gramsci entendió que el fracaso del movimiento obrero italiano se debió a la falta de confianza de las masas italianas, en los movimientos políticos que preconizaban una nueva Sociedad; de ahí la importancia teórico- práctica de la categoría “hegemonía”. Este autor comprendió que si bien es cierto los socialistas y comunistas italianos jamás conquistaron la hegemonía, las clases históricamente dominantes en Italia, la perdieron sin que otra fuerza social supiese esculpir una nueva voluntad colectiva, un Príncipe Moderno. Este “vacío de poder” permitió en la paralizada Italia anular coactivamente los pequeños movimientos progresistas surgidos al interior de la sociedad civil. El resultado de esa crisis se expresó en un cesarismo retrógrado encabezado por Mussolini.

¿Cómo se disputa la hegemonía, como se mueve la opinión?

La hegemonía es cultural y política. Se conquista día a día, es una lucha de valores, es una pelea filosófica, de modelos de vida, de modelos económicos, de teorías sobre el género humano sobre la vida y la muerte y se expresa de mil maneras. No todas son discusiones filosóficas en las academias y universidades sino también en el bar de la esquina, en un encuentro de fútbol, en la conversación entre dos novios, en un salón de clases de primaria y más aún desde una emisora de televisión.

Hay difusores a todos los niveles desde el cura de una parroquia hasta un profesor de liceo o un periodista. Puede que el concepto “líder de opinión “ sea más comprensible pero Gramsci los llama Intelectuales Orgánicos porque no se trata solamente de “liderar” la opinión sino de construir  el pensamiento de una nación, de una época, de una civilización. Es una pirámide en la cual algún filosófico o algún gran líder  político o religioso está a la cabeza de ese movimiento intelectual.

Así como hay  una “escala” –quizás la imagen de una escalera sea más correcta-  de intelectuales orgánicos  para difundir las ideas también hay muchos códigos para transmitir los valores que van desde la razón hasta la máxima pasión. Gramsci reconoce la importancia del sentir y de la dramatización de las ideas para la conquista de un espacio hegemónico que resume en una frase: “hay que sumergirse en el humus de la cultura popular”.

Por eso el cine, la televisión , las telenovelas, la literatura, la prensa, la música son importantes para difundir un pensamiento, una idea o un valor. Son los mensajes más emotivos los que logran dominar la escena mediática para la conquista de la hegemonía cultural de un movimiento social o  de un partido político.

Desde la perspectiva gramsciana la televisión y los demás medios son útiles para los fines de las clases subalternas, para desarrollar un país, para elevar el nivel de vida de los habitantes de una nación. Pero hay que desarrollar una estructura comunicacional independiente del Estado Actual y dramatizar nuestras ideas. Ciertamente Facebook y Twiter nos están ayudando pero allí estamos todos: los policías y ladrones se confunden …

Cuáles son las ideas a dramatizar en un momento de crisis de Estado?

Cuando se está frente a una crisis de envergadura solo hay dos grandes opciones: civilización o barbarie. Por eso la contraposición de los sistemas políticos  democráticos y progresistas  con los autocráticos, dictatoriales y despóticos es el principal mensaje que debe ser “colocado” en la sociedad civil para no perder la “fe” y la confianza en el sistema democrático.

Una de las tantas lecturas que se pueden hacer de los mensajes en los medios en Latinoamérica es de qué lado están tratando de inclinar la balanza y qué relación tienen con la crisis política generalizada  que estamos viviendo.  Basta leer el Comercio en Ecuador,  Clarín en Argentina, El Nacional en Venezuela, mirar CNN o la BBC de Londres para entender que  desde hace mucho tiempo están interviniendo en la política latinoamericana sin darle tregua a los regímenes que hoy están instalados en la mayoría de los países. Se amparan en la llamada libertad de expresión pero falsean noticias, manipulan entrevistas, publican datos engañosos, censuran a los entrevistados que no están 100 % de acuerdo con sus políticas editoriales, levantan la imagen de un país (CNN con Colombia)  y entierran la de otros (Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela, etc.). Se dice que capital colombiano compró un fuerte paquete accionario en CNN (hasta crearon La Hora de Café…colombiano). Eso sí, no trate de pedirle transparencia a CNN y sus accionistas pero ellos sí pueden exigirle transparencia a nuestros gobiernos.

Como hemos dicho los intelectuales orgánicos no son personas físicas como lo fueron en épocas anteriores ciertos filósofos  o dirigentes políticos.  Ahora son los periódicos, ciertas radios y naturalmente las poderosas televisoras  que dominan la escena de la hegemonía son los que transmiten los valores y antivalores, son los que ubican informaciones falsas, son los que propagan rumores, los que desacreditan a los partidos políticos, llaman ladrones a senadores y diputados, corruptos a los jueces, a los gobernadores, a las policías municipales. Y a todos y cada uno de los órganos e instituciones de nuestro sistema político basado en la división de poderes pero golpeando más al poder legislativo y al judicial que son justamente  los más difíciles de controlar. Porque cuando la rueda se pare es más fácil negociar como negocia  el fascismo, con un solo hombre.

¿De quién hablan bien los medios?. No se necesita poner mucha atención: los reportajes sobre militares, sus “excelentes “ operativos, sus campañas sociales, el rol cohesionador de la iglesia, sus propias campañas “humanitarias” como el Teletón.

Estos medios nos están haciendo mucho daño convirtiendo en bobos a los televidentes, horadando la precaria ideología política del mexicano llenándola de lugares comunes y de fatuidades, de miedos,  de falacias y del maniqueísmo entre “buenos” y “malos”.

No es difícil decirlo: la televisión mexicana está desmantelando la ideología política liberal y no estamos rebatiendo sus ideas a través de una estructura mediática de radios comunitarias, de prensa independiente, de revistas de discusión política. En el caso mexicano  hay que disputarle a Televisa y Azteca  su predominio masivo a la hora de moldear  la opinión pública.

Afortunadamente apareció el movimiento soy#132 que se dedica a hostigar a Televisa y ciertos periodistas con tomas pacíficas de ciertos edificios de Televisa o lanzándole huevos a Adela Micha. Es un buen  paso para la toma de conciencia del nivel de manipulación al que estamos sometidos los mexicanos.

No estamos defendiendo la democracia, sus vapuleadas instituciones que mal que bien nos abrieron el camino hacia una mejor vida política en comparación con los regímenes, dictatoriales, monárquicos, feudales y esclavistas que dominaron el planeta durante 100.000 años. Apenas llevamos 150 años de “hombres libres” pero ni siquiera esta libertad se hace extensiva a todo el género humano.  Me imagino que es hora de cambiar el sistema político pero no son los medios de comunicación, no son  Azcárraga o Salinas  –dueños de Televisa  y TV Azteca- los que deben decirnos qué y cómo hacerlo.

Qué nos está pasando? ¿Hacia dónde van a parar nuestro país en manos de estas hordas comunicacionales llamadas Televisa y Azteca con un control del 80 % de las radios y televisoras de México?

Respecto de la crisis económica mundial tengo poco qué decir: no se entiende como países tan prósperos con unas estructuras productivas sólidas y modernas caen por el precipicio de la especulación financiera como España, Italia y próximamente Francia. En Europa la crisis económica es la que conducirá a la crisis política. El camino es distinto y mire usted que el resultado también será distinto!

 

 

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